Por las vías terrestres...

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Respuesta de la playa a las tormentas

 
En una tormenta, los fuertes vientos y oleajes producen marea de tormenta e incrementan el nivel del agua; así, exponen a zonas de la playa más altas (comúnmente no vulnerables) al ataque de las olas y permiten su paso sobre la barra de la rompiente normal sin colapsar. Cuando al fin rompe el oleaje, la cara de la playa es insuficiente para disipar la energía, por lo que la remanente de ésta se logra con la erosión de la playa, la berma y las dunas. La gran cantidad de material erosionado es arrastrado y depositado en el mar para formar una barra, que entonces producirá la rotura del oleaje lejos de la playa, e incrementará la dimensión de la cara de la playa para disipar la energía correspondiente.
 
En esencia, la respuesta dinámica de la playa en condiciones de tormenta lleva al sacrificio de una parte de ésta y de la duna, que son las que proporcionan arena para formar la barra que protegerá a la línea de playa de mayor erosión. Después de la tormenta, las condiciones regresan a una situación normal en la que, por algunas horas, los oleajes bajos de largo periodo arrastran arena de la barra a la playa y los vientos aportan material a las dunas, donde es atrapado por la vegetación. Así, la playa empieza a recuperarse del ataque de la tormenta.
 
La reconstrucción de una playa es muy larga con respecto al tiempo en el que se produjo la erosión; a veces, la recuperación total de la playa nunca ocurre, porque la arena depositada en el mar ya no puede ser regresada a la playa por el oleaje normal.