Por las vías terrestres...

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Atendiendo la diversidad

 
Para regular el tránsito de vehículos, desde los ciclistas hasta los motorizados en sus diferentes versiones, pasando por los primeros carruajes de tracción animal, se hizo necesario fijar tiempos de avance –de forma personal o mediante señales luminosas– para cada dirección en las intersecciones; sin embargo, si no están debidamente analizados y regulados en función de las fluctuaciones demandadas, los tiempos de cruce se incrementan sensiblemente. Además, en intersecciones complicadas se hacen necesarias señales direccionales, lo cual provoca contaminación visual, distracciones y confusiones.
 
Al aceptar que no existe un solo tipo de demanda –ya que un usuario puede tener varios orígenes y destinos que quizá no sean siempre los mismos, con distancias variables y diferentes rangos económicos y culturales–, y que existe una necesidad creciente de servicios múltiples, así como un desarrollo urbano complejo con altas concentraciones de edificios que en la actualidad reportan alturas de más de 500 m –en aparente oposición al desarrollo horizontal que implica extender los servicios en grandes zonas, lejos de las habitacionales y las de trabajo–, se han desarrollado diversas alternativas al transporte de superficie (tranvías y autobuses, incluyendo los de vías exclusivas, que reducen su disponibilidad). Éstas pueden estar parcial o completamente elevadas (metro y monorriel), o como una mejor solución pero más cara, ser subterráneas (tren y metro); en cualquier caso, propulsadas con motores eléctricos o de combustión interna. Todo ello considerando que el automóvil no puede ser una opción de transporte mas
ivo, independiente de sus grandes ventajas.
 
Las soluciones adoptadas hasta ahora han incrementado o generado nuevos inconvenientes: contaminación por diferentes fuentes de combustible e incremento en los costos y en las tarifas; requerimiento de mayores espacios de estacionamiento e invasión de calles, avenidas y aceras, lo que reduce el número de vías y la capacidad de flujo; incremento de accidentes con pérdidas de vidas en aumento y altos costos por daños materiales.