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Autopistas urbanas: una solución a corto plazo, una herida que perdura

 
En la actualidad es común ver artículos relacionados con las autopistas urbanas en espacios no forzosamente ligados a la difusión de la movilidad. En la Ciudad de México se han llevado a cabo foros en comisiones de derechos humanos, en institutos de ecología y hasta en las sedes de algunos partidos políticos para analizar este tipo de infraestructura desde muchos puntos de vista. 
 
Este creciente interés por hablar del tema se vincula estrechamente con los planes de construcción de proyectos como la Autopista Urbana de la Ciudad de México y la supervía en Guadalajara. Así pues, el presente artículo se suma a todos estos acercamientos para identificar el motivo de su construcción y analizar sus beneficios e impactos en las ciudades a corto, mediano y largo plazo, desde el punto de vista de una ONG de movilidad sustentable.
 
La proliferación de las grandes autopistas en el mundo comenzó en la década de 1950 en Estados Unidos. Esta infraestructura preparaba la modernización de las ciudades con base en la utilización de los automóviles, pero sobre todo fue utilizada como un mecanismo de activación de la economía estadounidense posterior a la Segunda Guerra Mundial. Las autopistas urbanas no se concebían entonces como soluciones a problemas de movilidad, pues el congestionamiento y la motorización no eran tan importantes como los actuales, y el conocimiento respecto al daño ambiental generado por los vehículos automotores era incipiente. Más bien, otro de los sentidos que tenía este tipo de construcciones se relacionaba con la generación de ciudades que siguieran el modelo modernista mediante la división de los usos de suelo (industrial, comercial y residencial, cada uno por separado).
 
En cambio, la construcción de autopistas urbanas se basa actualmente en la movilidad. Se ve como solución al congestionamiento vehicular que, a su vez, ha engendrado problemas relacionados con la contaminación y con la pérdida de tiempo en los traslados de los habitantes de las ciudades. Basta con ver los análisis costo-beneficio para proyectos como el segundo piso de la ciudad de México para corroborar esto. Los costos monetarios tomados en cuenta son en gran parte los de la inversión y el mantenimiento del proyecto, mientras que los beneficios ligados a la construcción de autopistas urbanas tienen que ver con reducciones en un corto y mediano plazo de contaminantes y de tiempos de viaje. Ambas variables están ligadas a un aumento en la velocidad generada por la construcción de más carriles de circulación. Así pues, en dichos análisis costo-beneficio no suelen incluirse la dinámica social, la afectación de la imagen urbana y otras variables cuyos valores es difícil determinar.
 
Asimismo, los pronósticos sobre el comportamiento del tránsito en la vialidad una vez construida no siempre son los más acertados para evaluar la viabilidad de los proyectos. A continuación se presenta un breve análisis sobre los beneficios y los impactos negativos que conlleva la construcción de autopistas urbanas en sus distintos tiempos.