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Un nuevo aeropuerto para la Ciudad de México

 
En realidad no son muchas las opciones para albergar la construcción del NAICM; al igual que hace 12 años, se tienen dos opciones: el sitio de Zapotlán de Juárez, en Tizayuca, Hidalgo, y el sitio del ex lago de Texcoco, en el Estado de México.
 
Cada caso presenta ventajas y desventajas que de alguna manera se han estudiado a profundidad. Un grupo de especialistas técnico-operacionales en la materia ya ha dado su veredicto al respecto: el sitio de Texcoco es el más adecuado, por la facilidad de conectividad entre líneas aéreas en el procesamiento de los vuelos y por la disponibilidad de terreno federal en esa zona. Es impostergable la construcción de un nuevo aeropuerto que permita:
 
1. Aprovechar la ubicación geográfica de nuestro país y de nuestra ciudad con respecto a los continentes americano, europeo y asiático, y que pueda ser considerado como un hub internacional, donde se permita aplicar las libertades del aire establecidas por la Organización de la Aviación Civil Internacional.
 
2. Aprovechar lo que ninguna gran ciudad del mundo tiene: más de 700 hectáreas (las que ocupa el AICM actualmente) disponibles para revertir los problemas de segregación social al oriente de la ciudad con un proyecto de equipamiento urbano sustentable, con lo cual se beneficiaría a los habitantes de los municipios de Netzahualcóyotl y Ecatepec, y las delegaciones Gustavo A. Madero e Iztacalco.
 
La construcción del NAICM también permitiría tener un puerto aéreo en un terreno de aproximadamente 2,500 ha de propiedad federal, que aloje el trazado determinado en el plan maestro de desarrollo y que no tenga restricciones en distancias mínimas de operación por carencia de terreno. En su máximo desarrollo contará con seis pistas paralelas (tres de ellas para operaciones simultáneas) con sus respectivas pistas de apoyo, y con las especificaciones requeridas e instrumentadas, incluyendo sistemas de comunicación, radioayuda y apoyos visuales más modernos. Será un aeropuerto con clave de referencia 4F, que permita la operación de las aeronaves más modernas operadas en la actualidad, así como las de nueva generación y las próximas a operar en un futuro no muy lejano. No frenará la demanda aérea por carencia de slots (permisos para aterrizajes y despegues); permitirá el desarrollo de las aerolíneas a su máxima capacidad, y deberá estar ubicado a sólo 35 km del centro de demanda aérea, para facilitar el acceso y retiro de pasajeros y evitar así problemas como los del aeropuerto de Mirabel, en Montreal, Canadá, que por su lejanía (60 km) con el centro financiero de esa ciudad ha constituido un fracaso en términos económicos y operativos.
 

Demetrio Galíndez López