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Los niños en el tránsito

 
Es común escuchar de los conductores expresiones como: “Tengo prisa”, “voy a llegar tarde”; estas actitudes ponen en riesgo la vida y más aun cuando incurren en algún error de conducción por un mal hábito, por “tocar el claxon” o “hacer cambio de luces” a peatones que se encuentran en las vialidades, creyendo con ello que su libre paso está asegurado.

En los niños las lesiones más frecuentes se presentan en la cabeza y el cuello con 44%, las extremidades superiores e inferiores con 13 y 11%, respectivamente, y en el tórax y abdomen, 9 y 6%. Para el resto se desconoce el tipo de lesión. Estudios realizados indican que un niño podrá cruzar con eficacia una vialidad y percibir si se acercan vehículos a partir de los 12 años, es decir, cuando tendrá un control definitivo de la atención. Sin embargo, hay que mencionar que en los niños hay una tendencia a correr para “ganar” tiempo, pero sin tener clara noción de las ubicaciones de los vehículos.

Por ejemplo, si un niño cruza una vialidad a 36 m por delante del vehículo, lo más probable es que el conductor mate al menor si conduce a 70 km/h o más; lo lesionará si conduce a 60 km/h, y evitaría el atropellamiento si conduce a 50 km/h. Sin embargo, si el niño cruza a 15 m del vehículo, la probabilidad de herir al niño con consecuencias mortales parte de los 50 km/h en adelante. Un aumento de 5% en la velocidad media supone un aumento aproximado de 10% de los accidentes con heridos y de 20% de los accidentes mortales.

Un niño no puede ser “adaptado” al tránsito, el tránsito debe adaptarse a él, y de esto los adultos son los únicos responsables.

Por lo tanto, es importante que todo conductor conozca las limitaciones psicofísicas de los niños como peatones y adopte actitudes responsables para la seguridad del menor:

a) La menor altura del niño le dificulta tener un panorama amplio de lo que sucede (esto se puede comprobar arrodillándose).

b) El niño tiene una gran agilidad física combinada con sus limitaciones psíquicas, lo cual lo lleva a cometer errores en forma frecuente.

c) El niño tiene grandes dificultadas para articular lo que percibe con sus movimientos rápidos; y en casos de riesgo tiende a no moverse o ir en sentido equivocado a la situación.

d) El niño cuenta con menor visión periférica (100-110°) que un adulto (170°) y está obligado a girar la cabeza para tener un panorama completo del tránsito.

e) A los menores de 7 años se les dificulta conocer con exactitud de qué dirección proviene el ruido de un vehículo que se acerca.

f) Un infante tiene dificultad para distinguir la izquierda de la derecha y para evaluar correctamente distancias y velocidades de aproximación de los vehículos.

g) Por naturaleza, el niño es impulsivo con tendencia a bloquearse ante el peligro; se centra en aquello que lo atrae (por ejemplo, ir detrás de la pelota).

h) El tiempo de reacción ante una situación de peligro es casi el doble de la que requiere un adulto.

i) En los niños menores, el pensamiento es más abstracto y global; les resulta muy complejo tener un pensamiento concreto en relación con un tiempo y lugar determinados. El niño tiene propensión a lo que se denomina un pensamiento “mágico”.