Por las vías terrestres...

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Las conclusiones

 
Es frecuente que, desde el punto de vista de un planeador, la costa sea, de origen, un lugar con base de datos incompleta, en cuya dinámica los factores principales involucrados –tormentas, erosiones, migración de peces, etc.– son usualmente impredecibles, y donde los principios de planeación terrestre son irrelevantes. Más aún, la información requerida para atender todos y cada uno de estos factores requiere la participación de un buen número de especialistas, cuyos puntos de vista y forma de atenderlos no siempre es coincidente; de aquí que la visión de un generalista con experiencia sobre los problemas asociados con las zonas costeras puede aportar una buena guía para la formulación de programas de desarrollo y administración.
 
En materia de manejo y administración de las zonas costeras, existen profesionistas que pueden tener conocimientos limitados en navegación, pesquerías, contaminación, biodiversidad o hidrodinámica costera, y conocer el mar y las áreas costeras desde un punto de vista específico, más que tener la perspectiva de un sistema costero; dada la complejidad de los problemas contenidos en dichos sistemas costeros, la ventaja del tratamiento generalista es evidente.
 
Sobre el particular, es incuestionable que, si hay una profesión que tiene la preparación básica para la planeación, la instrumentación, el desarrollo y la administración de proyectos de aprovechamiento sustentable de las costas, ésa es la ingeniería civil. Para el ingeniero civil especializado en el ámbito costero es familiar, por no decir parte de su esencia, el manejo de la información básica sobre dinámica costera, la formulación de proyectos, incluidos el conjunto de estudios de campo, hasta la aplicación de modelos físicos y matemáticos; la construcción y operación de puertos; obras marítimas diversas; obras de mantenimiento y mejora ecológica de estuarios, esteros y lagunas; administración de proyectos costeros de diversa índole con sistemas convencionales de evaluación, monitoreo y actualización.
 
Sin embargo, cada vez son más escasas las posibilidades de que los nuevos ingenieros civiles tengan tales conocimientos básicos. La grave confusión en que se incurre con la idea de que la infraestructura costera son los puertos y que México no necesita más puertos, hace que se considere innecesaria la impartición de disciplinas relacionadas con las costas en la formación del ingeniero civil.
 
Surge así una grave interrogante, con la que cierro esta reflexión: ¿Qué podemos esperar en términos de participación de la ingeniería civil mexicana en el desarrollo de la infraestructura costera del país, en lo particular, y en la forma de desarrollo más promisoria para México, en lo general?.